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Universidades y empresas fortalecen vínculo para generar nuevos desarrollos comerciales
Minería, biotecnología y fruticultura serían los sectores más beneficiados con esta sinergia.
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Una de las mayores críticas que se hacen respecto al estado de la innovación en Chile, es la aparente "desconexión" entre las universidades y las empresas. Todos coinciden en que se debe fortalecer el vínculo entre ambas, para que las compañías se involucren con la I+D y para que los planteles de estudio se "empapen" más en las necesidades del mercado, aportando con proyectos de investigación aplicada (I+D+i).
Existe consenso en que la minería, biotecnología y fruticultura serían los sectores más beneficiados con esta sinergia, aunque también se cree que Chile podría ganar protagonismo en industrias en las que hoy no es fuerte, como la farmaceútica, por ejemplo.
"Los grandes desafíos para el desarrollo de Chile, como incorporar valor a la producción de bienes o servicios, requieren el desarrollo de conocimiento local y dicha construcción sólo será posible si se articulan y potencian las capacidades presentes tanto en las empresas como en las universidades", afirma Ariel Bobadilla, director de Asistencia Técnica de la Universidad del Bío-Bío.
Acercamientos
Aunque se reconoce que aún falta mucho, hay avances en este "matrimonio". Existen pocas cifras al respecto, pero un estudio de 2002 realizado por Corfo reveló que a partir de 43 proyectos universidad-empresa financiados por Fondef, después de cuatro años de la etapa de I+D, dieron pie a la creación de 109 nuevas empresas o unidades de negocio; y la Fundación Copec-UC ha generado 23 proyectos que están en proceso de comercialización.
Copec, Codelco Norte, Lipigas, Cementos Bío Bío, Exportadora Valle Maule y varias viñas importantes -asociadas al Consorcio del Vino-, son compañías que han desarrollado proyectos con centros de educación superior.
Desarrollo y optimización de procesos, generación de nuevos de productos, estudios de línea base, diagnósticos y prestación de servicios científicos y tecnológicos, son las líneas de trabajo de algunas de estas iniciativas en las que han participado las universidades de Chile, Técnica Federico Santa María, del Bío-Bío, de Concepción y Católica de Temuco.
Y si se analiza el registro de los últimos años, se observa que hay un involucramiento mayor de las empresas en la ejecución y contratación de proyectos de I+D+i, ayudado por una política de gobierno que ha promovido e incentivado un acercamiento entre la oferta y la demanda entre ambos mundos, asegura Jaime Baeza, director de investigación de la Universidad de Concepción.
Una de estas políticas tiene relación con la Ley 20.241 que el actual gobierno promulgó para garantizar beneficios tributarios a las inversiones privadas en proyectos de I+D desarrollados por centros certificados, como las universidades. Actualmente existen once contratos certificados bajo esta normativa, de los cuales tres son desarrollados en departamentos o entidades ligadas a casas de estudios.
El sector privado está comenzando a mirar hacia las universidades porque "ellas tienen una serie de instrumentos, laboratorios, procesos y equipos de trabajo avanzados que permiten a las empresas hacer I+D sin invertir necesariamente en este tipo de tecnología en sus dependencias", explica Vicente Smith, gerente comercial de El Volcán, uno de los principales proveedores de materiales para la construcción en Chile, que tiene un contrato certificado bajo la Ley 20.241.
Sinergia exitosa
El caso de la Universidad Católica y Copec es particular, pues desarrollaron otro tipo de vínculo.
Se trata de la Fundación Copec-UC, entidad sin fines de lucro que según Rosario Retamal, su directora ejecutiva, promueve la I+D en el país al actuar como capitalista ángel de los proyectos que presentan académicos, universidades, centros de investigación o empresas, y que ayudan a comercializar en distintos mercados. De las 48 propuestas que han apoyado en los siete años de existencia, ya hay 23 proyectos que se encuentran en proceso de comercialización.
Tanto para la Fundación como para las universidades, el porcentaje de derecho comercial que logran de los resultados de las investigaciones es la opción que tienen para añadir una fuente de ingresos distinta a las tradicionales (impartir enseñanza).
"En general, las patentes y licencias generadas pasan a formar parte del patrimonio de la universidad, pero las empresas asociadas acceden a participar de ellas en función de los aportes realizados al proyecto en que se generaron dichos productos", explica Aliro Bórquez, director general de Investigación y Postgrado de la Universidad de Temuco.
Recuadro :
-Copec, Codelco Norte, Lipigas, Cementos Bío Bio y varias viñas importantes son algunas firmas que están trabajando con estos centros de estudio.
-Con el foco en Las necesidades del mercado
Universidades participantes
Universidad de Chile (IDIEM)
Universidad Católica de Temuco
Universidad del Bío Bío
Universidad de Concepción
Universidad Técnica Federico Santa María (USM SA)
Universidad Católica (Fundación Copec— UQ, entre otras
Naturaleza de los proyectos
Desarrollo y optimización de procesos
Desarrollo de nuevos productos Estudios de línea base
Generación de diagnósticos
Prestación de servicios científicos y tecnológicas, entre otras.
Areas productivas beneficiadas
Forestal
Construcción
Frutícola
Acuícola Industrial
Minería, entre otros
-Más que papers
Eduardo Bitran, presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC), asegura que para fomentar el vínculo entre la academia y las empresas, un paso fundamental es modificar los incentivos para que las universidades se involucren. "Actualmente, lo único que a algunas les importa es publicar "papers" de sus investigaciones, sin intención de comercializarlas", acusa.
En ese sentido, el Consejo estudia la posibilidad de proponer al nuevo gobierno la creación de oficinas de comercialización y transferencia del conocimiento que resulta de la investigación en universidades y centros científicos, y que aportarían a sectores productivos concretos. "No se trata de que los científicos tengan que dedicarse a "vender" ese conocimiento, sino de generar oficinas especializadas ligadas a las universidades, que identifiquen el conocimiento que puede tener oportunidades de ser desarrollado y comercializado", explica Bitran.

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