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Innovación constante
El Mercurio, Viernes 26 de enero de 2007

Medicina, ciencias aplicadas, ingeniería, robótica, informática y genética son sólo algunos de los campos en que este país ha hecho diversas contribuciones a nivel internacional.
Los australianos se destacan por sus ideas innovadoras, su visión de futuro y el gran desarrollo que exhiben en tecnología y ciencias, pese a la juventud del país. El compromiso de todos los integrantes de la sociedad australiana con estos temas es total.

Así, por ejemplo, "Apoyo a las capacidades australianas y construir nuestro futuro a través de la ciencia y la innovación" es el nombre de un paquete por un total de 5.300 millones de dólares, que se puso en práctica en 2004 y que en siete años busca continuar con el objetivo que pretende seguir potenciando las capacidades nacionales en los campos de la ciencia y la tecnología.

La nación oceánica también tiene una respuesta innovadora a las inquietudes globales. Es un socio inteligente y capaz en la búsqueda global de descubrimientos para la captura de carbono y ha asignado 500 millones de dólares al Fondo de Desarrollo de la Tecnología para la Baja Emisión, con el propósito de apoyar proyectos tecnológicos de baja emisión de gases liderados por la industria.

Aprovechando las facilidades de primer nivel para la investigación, cerca de 200 compañías biotecnológicas de nivel mundial operan en Australia, lo que constituye a nivel per cápita un número superior a las existentes en Estados Unidos.

Los europeos llegaron a comienzos del siglo XVII, algunos de ellos por accidente, ya que llegaron tras naufragar por efecto de las corrientes en los arrecifes del oeste de Australia. El bucanero William Dampier llegó en 1688 y en 1699 y realizó el primer estudio botánico. Sus muestras se preservan en Oxford.

Los franceses, alentados por Napoleón Bonaparte, y los británicos, comandados por James Cook y por Joseph Banks son responsables de haber introducido estudios sobre la historia natural australiana, incluida la astronomía, directamente en los archivos mundiales.

Durante el siglo XIX se establecieron los Reales Jardines Botánicos en Sydney (1816), el Museo Australiano (1827), la Universidad de Sydney (1852) y la Universidad de Melbourne (1855).

Puntal de desarrollo

La ciencia y la tecnología fueron esenciales para apuntalar la agricultura, la minería y la salud pública en una tierra tan singular. El contacto con la ciencia europea fue excelente, a pesar de la distancia.

El descubrimiento de Roentgen de los rayos X en 1895 llegó a Adelaida tan sólo un año después y permitió a William Bragg examinar el codo fracturado de su hijo Lawrence por medio del primer diagnóstico por rayos X realizado en todo el mundo. Ambos, padre e hijo, ganaron luego el Premio Nóbel de Física. Lawrence, el más joven en ser premiado, inventó un campo totalmente nuevo en biología molecular.

Los científicos australianos han revolucionado el diagnóstico y tratamiento de las úlceras; han desarrollado un oído biónico de notable efectividad; han establecido un hito en la tecnología solar; han descubierto un gen que provoca el florecimiento de las plantas y han aislado el ingrediente clave en el humo, causante del rebrote de una gama de flora, que incluye cultivos.

Los astrónomos han abierto los cielos del sur y hasta prevén telescopios gigantes en la Antártica. Las estaciones de rastreo, que fueron cruciales en mostrar al mundo los primeros pasos de Neil Armstrong en la Luna 36 años atrás, están todavía activas para futuras misiones a los planetas.

En lo que se refiere al medio ambiente, actualmente la prioridad absoluta consiste en preservar la Gran Barrera de Coral y otros arrecifes de gran valor en el oeste, prevenir el envenenamiento del suelo por efecto de la sal, salvar la inmensa biodiversidad de los bosques australianos y renovar las zonas pesqueras.


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